CACHI

07/07/22 – San Carlos

Nos levantamos sin apuro, desayunamos, almorzamos y salimos a hacer dedo, destino a Cachi. Nos paramos en la 40, donde después de un rato nos lleva una chica en la caja de su Saveiro hasta San Carlos. Su cara nos preocupa cuando le contamos que vamos hasta Cachi. Y nos vuelve a preocupar cuando se lo repetimos en la plaza de San Carlos. 

Pero seguimos. Al cruzar la plaza vemos una estatua de un perro. Es el Perro Peregrino y creo que merece un apartado:

El Perro Peregrino acompañó a los peregrinos de San Carlos en la ruta hacia el Señor y Virgen del Milagro en el año 2004. Extraviado en la Ciudad de Salta regresó solo a su pueblo, recorriendo más de 200km por cerros y quebradas. Y vos, sentado, leyendo, con paja de ir al súper.

Podemos decir que fuimos para conocerlo, porque en las seis horas que hicimos dedo a la sombra de un árbol solitario, no vimos pasar un solo auto que fuera para donde íbamos nosotros. Así que ni bien vimos uno que iba para el otro lado, de vuelta a Cafayate, le hicimos señas y paró. Una familia francesa “Jacquot-family”, papa, maman et deux enfants, en una casa rodante llena de juguetes por todos lados fuimos a Cafayate una vez más. A pasar la noche en tierra conocida y mañana a intentar de nuevo, pero por otra ruta. ¿Tendremos suerte?

Si ese perro tuviera pulgares no tendría una estatua en esa plaza. 


08/07/22 – Cachi

Como el título anticipa esta vez sí tuvimos suerte. Pero costó. Cachi se hizo desear.

Dos horas en la 68 que va para Salta, y nada che, nadie nos levanta. El plan es ir por esta ruta hasta la capital y de ahí otro dedo a Cachi. Más largo sí, pero más transitado. Aún así no nos levanta nadie.

Pero no nos vamos a dejar vencer por un destino que no nos quiere. A torcerlo con unos pasajes de colectivo. Que le vamohacer.

Nos vamos decepcionados por no haberlo logrado pero con energía suficiente para seguir más adelante, desde Salta. Amago un tímido dedo a una camioneta que pasa mientras caminamos hacia la terminal. Nada. Maldito destino que no nos quiere. Y seguimos, con voluntad, a paso firme a tomar el micro que sale en 10 minutos, pero de pronto escuchamos un grito. Dos mujeres en una 4x4 que nos llaman. No podemos creerlo y corremos.

- Vamos a Cachi. – Dicen.

- Nosotros también!!! – respondemos abriendo la boca en una sonrisa llena de dientes.

Y arrancamos.

El camino es soñado. Vamos por la 40. Por aquella 40 por la que no pasa un alma. La ruta no tiene asfalto, las chicas son divinas y uruguayas, y vamos parando en cada punto que así lo amerita. Angastaco es uno de ellos, Quebrada de las Flechas. Si anteayer creí estar en Marte, bueno, hoy estoy en la Luna. Las formaciones rocosas aquí son pálidas y extravagantes y nos alucinan a los cuatro. 

El viaje es largo y lento, pero vale la pena. A mate y palmeritas se deja andar, hasta Cachi que nos espera hermoso como no me imaginaba. Veredas altas altas, puertas dobles en las esquinas, todo viejo, todo hermoso. Es pequeño, como un sueño que se ha olvidado y del cuál solo sobrevive un rumor, un atisbo de recuerdo. Cachi te hiciste desear pero aquí estás, persistente como un árbol talado al cual le crecen algunas ramitas verdes.

Un viejo en una esquina me saluda, lo saludo y siento que nos hemos visto antes.

- Viejo, ¿te conozco? –

- Sí, me has visto en un sueño. –

Al final, el destino sí nos quiere.


09/07/22 – Mirador Norte 

9 de Julio, día de la Independencia, viva la patria carajo!

En la plaza hay festejos y todo el pueblo está reunido. Hay desfiles, peña y bingo. Un discurso eclesiástico nos ahuyenta un rato y nos metemos en el museo de arqueología Pío Pablo Díaz.

La riqueza arqueológica del Noroeste empieza a mostrarse de a poquito. Vasijas fúnebres, puntas de flechas, petroglifos en las piedras, instrumentos de hilado, vasos, jarras, rostros. Todo por $150.- La historia americana se deja oír en cada esquina, en cada piedra, en cada seño fruncido. La historia de América está atravesada por el dolor de los pueblos masacrados, traicionados, desmembrados, aniquilados. La historia, aquí, es dolor, es tierra, es un montón de lágrimas que ya no caen, que se han vuelto copla.

Salimos y un desfile de la poli nos vuelve a ahuyentar, así que nos vamos a comer una pizza a la sartén porque el horno del hostel está roto. Estamos en lo de La Mamama, un hostel baratito y hermoso, lleno de carteles de comportamiento adecuado. 

Morfamos y nos vamos. En la plaza hay bingo así que volvemos a huir y arrancamos para el mirador norte, donde está el cementerio.

La altura se siente a cada paso cuesta arriba que avanzamos, pero no nos vence. El atardecer anaranja las nubes grises que El Nevado de Cachi no se cansa de formar y la vista desde acá es una locura. El Nevado es un cerro que impacta, como el Tronador en la patagonia, y como tantos otros que ya veré. Es de esos cerros que aunque uno quiera mirar para otro lado, no puede. Supongo que será una cuestión energética, o magnética. Un fenómeno físico. Nosé. Pero no se puede dejar de contemplarlo.

Nyx me tironea del brazo y me hace avanzar hacia el cementerio que está ahí, a unos cuantos metros. Voy, pero antes de llegar veo una niña de pelo oscuro que corre hacia la derecha. Me recuerda a la niña del tren, y la sigo una vez más, curioso de ver hacia donde va, sola, con el sol que ya no está. La sigo hasta la entrada de un cuarto sin ventanas a dónde la luz no llega y la imagen me petrifica. El aire se respira pesado. Hay tres cruces y olor a muerte, basura en un rincón, y en el centro una mesa. Una mesa de sacrificios. Montículos de velas derretidas y la niña que no está. Ese lugar no nos gusta nada. Foteamos y nos vamos. 

Pero a la noche vuelvo. Subo el cerro semi a oscuras, con la luz débil del cuarto creciente. Me acerco al cementerio y voy hasta el cuartito. Doce velas rojas están prendidas en las esquinas de la mesa, tres en cada una. Entro y la presión de ese cuarto es mayor que la de la altura cuando venía subiendo. Doy la vuelta a la mesa y una escalera de piedra apenas iluminada por las llamas de las velas, baja hacia lo profundo. Pongo un pie en el primer escalón y el frío que viene desde abajo me despierta. En realidad ha sido el frío de la manta que está en el suelo y yo que estoy todo transpirado. Nyx duerme plácida en la cama de arriba. Subo y me apretujo a ella. Nyx protesta dormida pero me convida un pedacito de cama. El calorcito se empieza a sentir.


10/07/22 – Ovni Puerto

Será que miento si cuento que en Cachi existe una pista de aterrizaje para naves espaciales.

Será verdad que un sueco tuvo contacto con seres extraterrenales y en su honor o en un culto secreto dibujó en el suelo geométricas estrellas para su próxima llegada. ¿O para su despedida eterna? 

Será o ha sido, haya vamos.

Queda cerquita así que vamos caminando. Los coches nos empardan el paladar con la tierra que levantan al pasar. Llegamos, contamos las puntas una a una de las estrellas en el suelo y nos vamos a buscar altura, para verlas desde lejos, como corresponde, como con las estrellas en el cielo.

Subimos un cerrito, el cerrito de la cruz. Y nos vamos dando cuenta que aquí en Salta, y antes en Tucumán, en todos lados hay una cruz. En la cima de todos los cerros y cerritos, en las esquinas y a mitad de cuadra, en las casas, casitas y casotas, en el medio de avenidas y a la entrada y salida de los pueblos. Así que sí, subimos hacia lo alto para ver las estrellas en lo bajo. Pero las estrellas en el suelo no nos conmueven como las que viven en el cielo, y el Nevado de Cachi vuelve a captarnos, con sus vientos de tormenta y sus nubes negras de fin del mundo, y nos quedamos mirando para allá, para el otro lado.

Cuando de pronto, una luz en el cielo nos llama la atención. Abrimos los ojos, sonreímos y sudamos, y temblamos por dentro. El contacto que fuimos a buscar viene a buscarnos, y nosotros arrepentidos por lo que pedimos dentro nuestro, nos quedamos absortos, abrazados a la cruz que es terreno conocido, implorando a Jesús aunque no somos cristianos y gritándole a Dios que por favor nos salve de este encuentro. La luz parpadea, se vuelve roja y nos damos cuenta que solo es un avión. A reír y a sonrojarnos, a soltar la cruz, y a pedirle perdón a Dios por haberlo molestado por una tontería.

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