DE VUELTA A TILCARA

21/07/22

Vamos con destino a Uquía, a la quebrada de las señoritas. Hacemos dedo pero esta vez somos más. Nos acompaña Lucky, el inglés, y Renata la brasilera. Nos separamos y nos levantan a ambos y nos dejan en Tilcara, así que ya que estamos ahí, preferimos quedarnos y no seguir hasta Uquía, ya habrá tiempo. Ellos van a la Garganta, nosotros hasta la puerta del Pucará. Les aviso que no se metan en el túnel, que obedezcan el cartel, mientras Nyx recorre  la feria de la plaza. Y nos vamos,  ellos por un lado, y nosotros por el otro, a cruzar el puente, a la puerta del Pucará. A la puerta porque nos han contado que es falso y no pensamos pagar $350.-, valor para residentes argentinos, a un lugar que han construído para el turista. Se dice que allí encontraron ruinas, pero  no se sabe más. Ni de qué eran, ni para que servían. Pero ahora sí saben para que sirven, para entretenimiento del turista.

Llegamos hasta la puerta y nos colamos cuando nadie ve. Pero alguien sí ve. Un mono de 2mts. que nos caza de las mochila y en el aire nos lleva hasta la boletería. No dice nada, solo nos pasea por el aire hasta la entrada. Y sin decir nada nosotros tampoco, nos vamos, esta vez por tierra.

A subir un cerrito que casualmente tiene una cruz en la cima, y a contemplar las montañas rojas y verdes que rodean el pueblo.

Al volver, en la casa de Luis, después de una recomendación nuestra, nos encontramos con sus mochilas todavía puestas, a los chicos de España, que siguiendo la ruta de los ñoquis, han llegado hasta aquí, una vez más, a dónde estamos nosotros. No tuvimos que esperar a ser estrellas para volver a verlos. O quizás lo seamos ya. ¿Qué es ese aroma que hay en el aire que sabe a encuentro y a buena vibra? ¿Cómo sabrán los perros si con nosotros no o si les tenemos miedo? ¿Cómo sabrá un gato a quién ronronear y a cuál arañar? ¿Qué fragancia del sol percibirá la Tierra para seguir pululándole alrededor desde hace tanto tiempo? La verdad es que no sé, pero que sabe rico sabe rico. Y por lo que dicen las sabias lenguas, los ñoquis también.

Así que aquí estamos otra vez, con Raúl y Aurora, que van para arriba, como nosotros, pero arrancaron del medio, en Europa. Pero qué cosa loca la de algunos, de bajar al suelo, hasta bien abajo, para seguir por suelo, hasta bien arriba. Y aquí están, llevan siete meses en Argentina y ahora irán, cada uno por su lado, uno por aquí, en un voluntariado del Parque Calilehua, y uno por allá, probando un nuevo proyecto autogestivo para así, poder viajar toda la vida. Se reencontrarán dentro de un mes para cruzar Bolivia, su próxima frontera. Frontera que cruzaremos nosotros, supongo, la semana que viene. 

Ya sin signos de pregunta: Nos volveremos a ver.

El fuego propicia una historia, la historia de ellos. Y cuentan que vienen de Salamanca. Con Nyx nos miramos al toque. Yo con sospecha de que Nyx recuerde el túnel, recuerde lo que pasó y esto se ponga feo. Pero ella me mira con malicia y fuego en los ojos. Sin duda no sé acuerda. Por ahora es mejor.

- La salamanca es… - empieza Nyx y los mira – una reunión de diablos. – Y cómo ellos no contestan a la pregunta que ella no hizo, agrega - ¿No?

- Sí, sí. – Aseguro, apoyándola. Raúl me mira y sonríe. Aurora también. Pero ninguno habla.  No queda otra, así que repito ¿No? –

Y Luis, que hasta el momento solo estaba escuchando, pide.

- ¿Podrás poner la canción de Los Fronterizos? – 

Asiento y del parlante se empieza a escuchar:

Adentro con las diabla en las ancas Mandinga llegó, azufrando la noche lunar, desmontó del caballo y el baile empezó con la cola marcando el compás…

- En la Salamanca está una de las universidades más antiguas de Europa. – Comienza a contar Raul.

Un Rococo de la isla cantaba su amor a una sapa vestida de azul. Carboncillo bailaba, luciendo una flor, que a los ciegos devuelve la luz…

- Fundada en 1218, arrancó como escuela catedralicia, para después especializarse en lo jurídico. Fue la primera eso sí, en ofrecer una biblioteca pública, y era esencialmente financiada por la iglesia. – Prosigue Aurora quién cuenta como quién ha estudiado.

Adentro, jineteando una escoba cruzaba el añil

- Pero la universidad fue construída sobre una cueva…

de los cielos la bruja mayor…

- Donde los estudiantes se juntaban de noche a estudiar…

La lechuza en el hombro y el gran tenedor…

- Arriba se estudiaba teología y leyes…

disparándole a la Cruz del Sur…

- Y abajo magia y hechicería…

disparándole a la Cruz del Sur… 

- Arriba enseñaban los curas y los doctos, y abajo, el mismísimo Diablo.

En las noches de luna se suele sentir a Mandinga y a los diablos cantar.

La canción acaba, pero la historia no. Aurora prosigue:

- Por lo que cuenta la leyenda que muchos de los estudiantes hacían pacto con el Diablo para aprobar los exámenes.

- Y que han desaparecido algunos allí abajo. – Continúa Raúl.

- Por eso nadie baja a la cueva, hoy en día está prohibido.  – Sigue ella.

- Una cinta corta la entrada. – dice él.

- Yo nunca bajé. – 

- Yo tampoco. –

Los chicos nos ven entusiasmados, con ojos redondos como soles y aunque Luis no los mira, tiene la oreja en alto.

- Por eso si escuchas una música hermosa en el medio de la montaña, no la sigas. Es el diablo tocando el violín. Si la sigues, queriendo saber de donde es que viene, llegarás hasta su cueva y de pronto el silencio vendrá y la oscuridad te tapará para siempre. – aconseja Raúl que se ha puesto serio.

- Tampoco sigas nunca un animal en el bosque. Se sabe que las brujas, la gente que pacta con sangre y se ofrecen en alma eterna al Diablo y su séquito, tienen capacidad de cambiar de forma. Cuando alcanzan el Nirvana pueden volverse bichos, animales, alimañas, y confundirte. Y comerte.

Me río, inevitablemente. Pero Aurora no. Aurora me mira a los ojos y me dice:

- No te reirás cuando en el medio del bosque, solo, un ciervo se vuelva anciana, y los sapos y los buhos, se transformen y el lugar se llene de acólitos que te sujetan de los brazos, de las piernas, del pelo, y decenas de dientes mastiquen tu cuerpo, y un puñal de piedra te rompa el estómago. Y de lo que fuiste tú solo queden pedazos, restos de carne desparramados en el pasto y las flores, tu cabeza bajo la tierra, tu boca cocida, tus ojos cerrados con vela para siempre. Y tu alma en lo oscuro, para toda la eternidad.

Nyx se sacude y tiembla y se va sin decir adiós. La sigo, maldiciendo por haberme reído, por haber provocado a Aurora. Nyx en la pieza hace como si nada hubiera pasado. Alega sueño y se va a lavar los dientes. La sigo una vez más y en el baño la abrazo con el cepillo en la boca.

Mañana nos vamos. Es hora de seguir camino.

Afuera hay luna llena y la sombra de los árboles agita la pieza y el sueño. Una melodía a lo lejos me recuerda la canción y en la cama repito sin voz: 

En las noches de luna se suele sentir a Mandinga y a los diablos cantar.



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