HUMAHUACA

23/07/22 

A la mañana siguiente Aurora me pide perdón y admite haberse excedido un poco. Le contesto que no hay drama, solo que Nyx anda un tanto sensible, y le pido disculpas por haberme reído. 

Nos despedimos de Luis con un abrazo eterno, con más gracias que las que hacen los monos y saludamos a los chicos que disfrutan del solcito, y nos vamos, ahora sí, de una vez por todas, para Humahuaca. 

En su plaza, Humahuaca tiene un monumento hermoso, en honor a la unión de los gauchos y los pueblos originarios y a la lucha contra el enemigo español. Un hombre con la mano en alto ofrece en todo su esplendor una imagen de libertad y fuerza a todo aquel que lo contempla.

Una niña me ofrece una copla y un piropo a cambio de unas dádivas. Otro niño la imita un poco más allá, y otros cuántos también. 

¿Cuántas coplas valen un plato de comida? ¿Cuántas monedas vale esta copla que me cantan? ¿Serán suficientes para olvidar y seguir camino? 

Siempre ese vidrio frágil entre yo y el otro, ese vidrio que no puedo romper. Espejos viejos, despintados, que ya no saben reflejar y que me muestran, del otro lado, a una niña que canta y estira su manito, y de este lado yo, que suelto unas monedas, buscando mi reflejo en el espejo que no es. Solo es un vidrio, un vidrio frágil que no puedo romper. Y una niña que ofrece una copla y un piropo en mi nombre. Y mi nombre que ya no sé, mi nombre que ya olvidé. Perdí, desapareció.

¿Acaso, tú, recuerdas el tuyo?



Hoy, que nos hemos levantado aquí, en el Hostel Amanecer, en Humahuaca, del otro lado del río, compraremos unas empanaditas de charqui y quinoa y nos iremos al lado del puente a hacer dedo. Vamos para el Hornocal. Una casa rodante otra vez que nos llevará hasta mitad de camino porque se apunará y pegará la vuelta, de vuelta al pueblo. Pero nosotros no, nosotros seguimos a pie, aunque cueste demasiado. Por suerte, una 4x4 pasará cerquita nuestro, se apiadará y nos llevará hasta allá en la caja. 

El cerro de los catorce colores, el Hornocal, $100.- el ingreso y a disfrutar de las sierras más bonitas que hemos visto. Gigantes, saturadas, psicodélicas, pardas, locas, hermosas. A veces me pregunto ¿cómo? ¿por qué? Nunca encuentro respuestas. Pero días como hoy, que estamos tomando unos matecitos de cara al Horconal (como escuchamos decir al de al lado), esas preguntas se deshacen, pierden fuerza y se vuelven sonrisa y ausencia. Y solo basta Nyx que cambia la yerba y sonríe, y solo basto yo, que estoy aquí con ella.


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