TILCARA

20/07/22

A dedo una vez más desde Yala hasta Tilcara. Directo a la Garganta del Diablo, nombre de la quebrada y la cascada. Nos llevan 2km hasta el inicio del sendero donde restarán 4km más a pie bordeando la quebrada. La que nos alcanza es una fiscal, que nos habla de los casos de pedofilia, de violencia de género, del rescate a una mujer embarazada que no pedía ser rescatada de la casa donde vive con su marido el cuál le ha hecho perder el bebé a las patadas. Nos cuenta que ella hace el sendero todas las mañanas para tomar una papa de aire puro, y poder soltar un poco lo que lee a diario en su trabajo. Nos deja al pie del sendero y subimos adoloridos por dentro por tanta historia triste.

La Garganta del Diablo de Tilcara no se parece a la de Cafayate, pero aun así se presenta profunda, lacerada por el río que la ha abierto a la mitad. La entrada al lugar cuesta $150.- y conduce a un sendero pequeño para contemplar el abismo. Al llegar al final, un cartel nos prohíbe seguir avanzando, pero al ver que hay rastros de un sendero, nos hacemos los distraídos y cruzamos aventurándonos hacia lo profundo. Luego de caminar unos metros, el sendero desemboca en un túnel, al que es necesario agacharse para entrar. Una mirada basta, dejamos las mochilas escondidas tras un arbusto y entramos a gachas con las linternas encendidas. El túnel de piedra es larguísimo. Alguien ha pintado en rojo Morada de Lucifer, no avanzar. Nos quedamos quietos, la espalda nos duele y prefiero volver. Pero Nyx no. Nyx quiere continuar hacia el final del túnel. 

- Este túnel no tiene final. – Intento convencerla.

- Quiero saber a dónde va. – Insiste Nyx.

- Hacia la puerta del infierno. – Trato de asustarla para que desista, pero Nyx sonríe y se adentra en la oscuridad.

Yo no. Yo prefiero salir.


Ha pasado una hora desde que Nyx se fue. La he llamado a los gritos la primera media hora, y ahora espero sentado al inicio de la boca del camino de piedra a que Nyx regrese. Es cuando estoy por irme a buscar ayuda que veo una luz desde el fondo y grito su nombre:

- ¡Nyx! ¡Nyx, ¿sos vos?! – Nadie responde, pero la luz se acerca cada vez más. 

Entro al túnel corriendo lo más rápido que me deja el techo de un metro y la encuentro totalmente mojada, con el pelo en la cara, arrastrando los pies y con los ojos fijos hacia delante.

- Nyx, Nyx ¿estás bien? – le pregunto, pero ella no responde, sigue caminando arrastrando los pies, encorvada, con los ojos ciegos que apuntan hacia adelante.

Salimos, y una vez afuera vuelvo a preguntar:

- ¿Nyx que pasa, que te pasa?

La mirada ausente, la voz que no está, los pelos en la cara. La abrazo, la peino un poco y la abrazo un ratito más.

- Vamos. – Dice finalmente y ahora me mira y empieza a caminar.

La sigo en silencio por el borde de la quebrada hasta el cartel, hasta la escalera que sube y conduce hacia el arroyo; por el arroyo que lleva a la cascada. Allí comemos y preparamos unos mates.

- Nyx, ¿podés contarme que pasó, que te pasa, que te pasó ahí? – Pregunto aunque ya sé la respuesta.

- No. No te voy a contar nunca. No pasó nada. – Responde ella y se acurruca a mi lado pidiendo un abrazo, un poquito de calor.

No insisto. Por suerte volvió, por suerte está aquí conmigo.

- Vamos, que ya empieza a hacer fresquito. – 

Y volvemos de vuelta al centro, de vuelta a la ruta, de vuelta a lo de Luis.

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