SAPECHO - Parte 3

Chocolate

Tantas mandarinas me licuaron el estómago. No puedo parar de ir al baño. Por suerte, de las heridas de la boca no quedan rastros. Pepe me mira y estoy seguro que sabe por lo que estoy pasando. Trajimos un costal lleno de mandarinas de la selva, pero las veo y se me revuelven las tripas. Por suerte Nyx anda bien, y sigue comiendo sin parar. 

Nos vamos a la tienda de la plaza por mas agua en bolsita y esperamos mientras la mujer que está adelante termina de comprar su pancito. No nos damos cuenta de lo que tiene en su pierna derecha hasta que trepa hasta su hombro. Un mono pequeñito con correa trepa por el cuerpo de la señora hasta llegar a los más alto y ahí se queda. 

- Es mansito, pueden tocarlo. – Nos aclara señalando a su mascota.

Y Nyx extiende el dedo de su mano para acariciarlo suavemente. El monito entrecierra los ojos y con su manito diminuta abraza el dedo de Nyx que sonríe ante el contacto. La mujer se despide y se va con el mono al hombro que no puede apartar su mirada de nosotros. Juraríamos que levantó la mano saludándonos antes de doblar la esquina y reímos en voz alta por la sorpresa y el agrado del encuentro.

Eloy no fue al chaco el día de hoy. Se quedó con nosotros para preparar el tan ansiado chocolate. Juntos tostamos el cacao en una sartén cochambrosa al fuego de la hornalla. Luego lo pelamos y lo colocamos en una moledora manual, y girándola despacio la obligamos a que vaya largando la pasta marrón oscura: el tan preciado chocolate. 

La colocamos a cucharadas en bolsitas. Una, dos, tres, nueve tabletas de 30 centímetros. Y Eloy, que es un capo total, no las obsequia toditas. Y nos enseña a preparar chocolate caliente. Hervimos agua y tomamos juntos la más sabrosa de las meriendas de nuestro viaje.

Gracias Eloy por tanta generosidad. Gracias Pepe por tu cariño. Gracias selva por enseñarnos tus misterios y tu magia. Gracias, gracias, gracias.

Nos vamos a la noche, esta vez en micro, de vuelta a La Paz, despidiéndonos con un abrazo y transformados para siempre, con los bolsillos y el estómago lleno de chocolate.


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