ACHACACHI
Achacachi
abundancia.
Armamos las mochilas y arrancamos. En teléferico hasta el alto y ahí combinación hasta la terminal. Nos subimos al único trufi que dice Achacachi, esperamos que se llene y nos vamos. El camino es impresionante, al borde de La Cordillera de Los Andes. La majestuosa, la poderosa, la magnánima, la imponente. La gran muralla china, ingeniería del hombre, un poroto al lado de la gran cordillera. Una hilera sin fin de montañas se extiende a nuestra derecha. Como guardianes blancos de nuestro destino nos escoltan por el camino que lleva hasta Achacachi. Su mirada de nieve nos vigila. El sol que se va ruboriza sus picos, que inmóviles pretenden pasar desapercibidos. Un susurro en colores se cuela por la ventanilla del conductor y nos salpica los cuerpos. Lo que dice la brisa solo lo entiende la piel, que responde contenta erizándome los pelos.
El lago Titicaca nos espera. Finalmente lo conoceremos. El principio del mundo y del tiempo. Lo primero, el hombre.
Llegamos a Achacachi de noche. Nos recibe Milton, nuestro nuevo couch, en su casa, que también es pileta de natación. Así que antes de mediar palabra, cómo ya estábamos al tanto, nos desvestimos, y yo de clavado y Nyx de bomba, saltamos a la pileta en plena oscuridad. Milton nos mira seriamente desde arriba y desaparece.
- La cagamos – dice Nyx y se sumerge.
Asiento mientras hago la planchita. De pronto vemos algo enorme volando por el aire. ¡Es Milton! Que dando una mortal hacia atrás cae de espaldas a la pileta. Se sacude, nada y aplaude, e instantáneamente las luces se encienden. Aplaude una vez más y las luces cambian de color, se vuelven rojas. Una vez más y son azules, ultravioletas.
- ¡Música! – Grita y los parlantes suenan.
- … Aserejé – ja – dejé… -
- Dejede tu dejerebe seidi nowa – canta Milton sacudiéndose de acá para allá y me señala
- Majabi an de bugui an de bugui dipí – respondo sacudiéndome también.
Nyx nos mira atónita desde afuera toda mojada, y en el aire, mientras da una vuelta carnero grita
- ¡Asere jé! – y cae al agua salpicándonos la cara.




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