ARAMU MURU - Parte 3
Confusión
Caminamos por las callesitas de Cuzco, la noche llega rápidamente y envuelve todo de un aire melancólico. Realmente esta ciudad es maravillosa. Sus pasillos estrechos entre muros antiguos nos transportan a una época que no habitamos pero si sentimos. Hay algo nuestro en esta ciudad. Quizás la sangre derramada de alguna de nuestras vidas pasadas. Hay algo de nosotros que sostiene haber caminado por aquí antes. Y por otra parte, todo nos parece nuevo, distinto, maravilloso.
Un artesano se acerca, nos conversa en inglés, nos invita un porro. Aceptamos en castellano y se entera rápido que somos argentinos. Resigna la venta pero anima la conversación.
- ¿Cuándo llegaron? –
- Yo llegué hoy, hace un ratito. Ella no sé. – Respondo percatándome de que no sé como Nyx llegó hasta acá.
Nyx sonríe y aclara:
- Yo también, hoy. –
- ¿Viajan separados? -
- No. Primera vez que nos separamos. Estábamos en Puno. Atravesamos un portal, y aparecimos acá. -
El artesano ríe y vuelve a lo suyo. Le devuelvo el porro pero con un gesto avisa que nos lo está regalando. Agradecemos y nos vamos.
- Que loco que no muchos conozcan sobre el Portal. – Empiezo. Nyx permanece en silencio.
- Y mucho menos sobre el dragón. – Continúo mirándola fijamente aunque ella tiene los ojos al frente.
Como ella sigue sin responder, le pregunto si no le parece extraño. Nyx resopla, frena y me mira.
- Amor, no sé de que dragón me estás hablando. –
- El dragón de Aramu Muru. El dragón que me trajo hasta acá. – Respondo y ella parece inquieta.
- Amor, vinimos a dedo. – Solo eso dice.
- Amor – insisto – vos quizás hayas venido a dedo. Yo llegué volando. Me viste aterrizar en la plaza.
- Estás delirando. – Responde y agrega. – Me estás preocupando. –
Su respuesta me desconcierta y enciendo el porro. Una larga pitada para pensar, para recordar. Cierro los ojos y el color del fuego me envuelve en una ráfaga cálida. Me veo sobre el lomo. Veo las estrellas en el lago allá abajo. Las alas a mis costados, la Cordillera de los Andes.
Los abro sonriendo, seguro de mi memoria, y lo que veo me sorprende. Dos hombres corren hacia nosotros. “Policía” gritan. El miedo o la sorpresa, no sé que me impulsa pero salgo corriendo. Giro la esquina y entro a un café. Me escondo en el baño. Todo es tan confuso. Trabo la puerta desde adentro y espero que pasen unos minutos. Me lavo la cara y me miro al espejo. El reflejo me confunde. Lo que veo a mis espaldas es piedra colorada. Un roca enorme con una puerta. Y dos tubos calados a sus costados. Lo reconozco enseguida. Es el portal. Giro y cuando me doy vuelta allí estoy. En Puno, frente a la puerta. En Aramu Muru, frente al portal.
Rodri nos invita a subir. Veo otra vez la tormenta que se acerca y otra vez las escamas del dragón dormido. Una gota, dos, mil. La lluvia llega y corremos a refugiarnos. Directo a la choza donde están las cholas.
La lluvia cesa, es hora de regresar. Y nos vamos caminando entre las rocas que son escamas, solo que esta vez nada tiembla, la bestia no despierta. Nos vamos con Rodri hacia la ruta. Hacemos dedo y volvemos a su departamento.
Estoy sumamente confundido. No quiero hablar. Nyx piensa que estoy enojado, pero no, solo estoy extraviado. Viajé en dragón por la Cordillera de los Andes hasta el centro mismo del imperio, pero fue tan solo una ilusión. Un delirio místico que solo ocurrió en mi cabeza. Vamos a dormir pero no logro conciliar el sueño, a pesar de que mañana nos vamos, no en reptil sino en camión, hasta Cuzco bien temprano.
A la mañana siguiente, despedimos a Rodri con un abrazo, y le agradecemos por permitirnos quedarnos tantos días en su casita. Y nos vamos a la ruta como siempre, a hacer dedo hacia el norte, camino a la gran ciudad incaica. Dentro mío yo ya estuve, ya me fui, llegué en dragón. Pero fuera, estamos en la ruta, haciendo dedo, esperando justo a ese auto que viene ahí, que nos dice que va para allá y que nos lleva. ¿Será verdad o será un sueño? En dragón o en auto, Cuzco nos espera.



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