CAMINO A MACHU PICCHU - SALKANTAY TREK - Día 1
Como siempre, nos levantamos tarde. Es imposible arrancar a las seis de la mañana. Desayunamos, nos despedimos del alemán que nos alojó estos últimos días y arrancamos para el centro.
Desde allí un bondi que nos lleva hasta
Mollepata. Dos horitas. Y de ahí, una combi que nos acerque a Soraypampa.
Nuestro destino del día.
A las diez recién logramos tomar el primer
bondi. A las doce llegamos a Mollepata y nadie nos quiere llevar.
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Las combis salen a la mañana.
Ahora, si quieren que los llevemos a ustedes dos nomás, les vamos a tener que
cobrar los espacios vacíos. – Explica y se va. No hizo falta que le
respondamos.
Esperamos un poco, caminamos un rato y nos
ponemos a hacer dedo. De alguna manera tenemos que llegar. Tenemos los días
contados y las entradas para el Machu Picchu ya compradas.
Las mochilas pesan una barbaridad. Esperamos
un ratito hasta que un buen hombre nos levanta. Nos deja justo en el inicio del
camino y nos manguea un poco de guita por el arrimón. Se la niego explicando
que por eso hicimos dedo y automáticamente pierde el benigno calificativo que
le había atribuido.
-
Estás haciendo quedar mal a tu
país. – Me dice y se va todo ofendidito.
En la entrada del sendero nos cobran 80
soles a cada uno. Intentamos por todos los medios regatear, pero no hay chance,
el pibito no quiere aflojar. Pagamos a regañadientes y volvemos a levantar el
pulgar. Un buen hombre, no como el anterior, nos alcanza hasta nuestro destino
final de aquel día inicial. Soraypampa.
Un viejo nos invita a acampar en su
terreno. Hace un frío de recagarse. Nos pide 10 solcitos, pero termina
aceptando 5. Le grita a una pareja que se empeña en subir la cuesta, pero hacen
caso omiso a los chiflidos.
Armamos la carpita pegadita a un matorral
antes que la noche se nos venga encima. Estamos alto y al lado de la
cordillera. El Humantay se asoma. Es la montaña más hermosa que vi en mi vida.
Y no es poco decir. La Cordillera de los Andes, a mitad de su extensión,
debemos estar a la altura del corazón. La Cordillera late, la oímos retumbar,
como un tambor suena la canción del universo. Shh silencio. Tum-Tum Tum-Tum.
Está cerquita, Tum-Tum, la oímos cantar. Tum-Tum Tum-Tum, cierro los ojos y
escucho. Tum-Tum, no va a callar.
El ritmo suena y no va a parar. Nuestro
pecho retumba. No sé si será mi corazón o la montaña Humantay. Tum-Tum Tum-Tum.
El tambor nos mueve. La tierra vibra, la piel se eriza. Tum-Tum Tum-Tum. Aquí
está. Acá estoy. El corazón de los Andes, el gran Apu Humantay.

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